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Jesús García Martínez
GRAFITISMO EMOCIONAL

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Observando los trabajos de Jesús García Martínez nos quedamos cautivados por todo aquel conjunto de vibraciones que se ofrece a nuestra mirada. Nos vienen a la mente miles de comparaciones, estilos de pinturas ya vistos y queridos: desde la pintura rupestre a la más expresiva, muy también peculiar de las vanguardias históricas y, después, retomada, en el sentido profundo en los años ’50 con Pollock, de Kooning, Motherwell, Mathieu, entre otros.

Se trata de obras en que no hay una clara y directa composición formal, más bien lo que más destaca es un constante encuentro entre un primer y un segundo plano compuesto por un maravilloso juego cromático, cada vez estudiado y calibrado: colores y diseño, que voluntariamente y con mucha facilidad, se funden juntos casi al unísono para crear, también hacia el visitante, juegos emocionalmente fuertes.

Pues, nos encontramos en frente de pequeños segmentos que, a la vez, enfatizan la pastosidad del color y cosen el sutil limex que inevitablemente se marca entre las diferentes matices. Son signos rupestres, inmediatos y rápidos; no están “pensados” sino solo “intuidos”, para nada filtrados por la razón. Ellos se mueven y corren para dejar huellas de sí mismos y de las tensión interior del artista. Se trata de elementos gráficos, acciones magistrales caligráficas, privadas de cualquier forma física o conceptual, únicamente concebidas y realizadas como pura experiencia emocional.

El color suaviza la composición y homogeniza todos los diferentes signos dibujado por encima de eso, e incluso siendo el fondo mismo del cuadro, gestiona cada pequeño espacio. No se trata de manchas de color independientes sino de encuentros cromáticos que voluntariamente se chocan para difundir energía y vitalidad desde la obra.

Son turbulentas superficies planas en que la profundidad viene dada por el uso de los colores y donde nada es por casualidad sino que cada elemento juega su propio papel magníficamente in un continuum emocional que nos permite liberarnos de las tensiones psicológicas o afectivas y donde también un sutil juego irónico puede buscar su importancia.

Estamos en frente de un espectáculo imaginario, puramente abstracto en que debemos perder casi toda la connotación racional: no hay esquema, no hay “razón” sino solo un caleidoscopio de emociones que nos sorprende cada vez que nos encontramos las obras de Jesús García Martínez.

 

Barbara Bacconi, Marzo 2012

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