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Hélène Crécent
La Danza del Trazo

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La exposición La Danza del Trazo nace con la intención de ser una pequeña retrospectiva de las obras de Hélène Crécent, desde el 2010 hasta hoy, y cuyo objetivo es lo de subrayar la importancia del dibujo en el lenguaje de la artista. Además, Jets de cheveux , Les étranges vertes #1 y Les étranges vertes #2 son las tres series entre las que han sido elegidos varios dibujos que nunca se habían expuestos y que servirán para marcar las líneas maestras de toda la poética de la artista.

Con Jets de cheveux la artista retoma un tema ya anteriormente explorado: el cuerpo y el movimiento, y añade también, una búsqueda sobre la masculinidad, pero privada de cualquier connotación de género. En esta serie, que tiene sus precedentes en L’esprit des mâles y en Boules de cheveux, la artista hace un estudio sobre el cuerpo en función de los espacios que él mismo genera, un cuerpo que se crea sí mismo empezando, una vez más, desde la cabellera, desde esta gran bola negra que, en estos dibujos, se transforma en un chorro propulsor de energía y vida. Cuando se encuentra con el cuerpo descubre el espacio, una nueva dimensión a explotar. El color ayuda a la artista in un proceso de visualización de cada espacio “vacio”.

En la serie L’esprit des mâles la artista busca la feminidad de lo masculino, aquella parte inevitablemente hembra que habita también en el hombre: un juego de pura ironía donde el resultado de la búsqueda debe ser manifestar la ambivalencia y nunca la ambigüedad. Un enredo de cuerpos, por lo tanto, por los que nos sentimos atraídos e invitados a formar parte de una función: invitados y invitadas a llevar algunos colores para que entremos en el escenario de la vida sin burlarse y sin hipocresía, sino para ironizar y dejarnos llevar hacia la naturaleza de la vida y sus elementos.

En la serie Boules de cheveux es muy marcado el estudio sobre el movimiento que encuentra sus orígenes en el ritmo de la danza clásica como la moderna. Estamos frente a un cuerpo puro, cuya única intención es la necesidad de liberarse de atávicas tensiones. Un cuerpo solo que busca, se cansa para volver a salir hacia nuevos espacios; un movimiento enfatizado por la manera de dibujar de Hélène que utiliza el lápiz como se fuera una cámara de cine: se trata de miradas perspectivas, de planos corporales que tocan más profundamente nuestras emociones.
En la serie Les étranges vertes #1 y #2 la investigación se dirige hacia el símbolo fálico y su referente, reconocible en el casco sobre la cabeza. Además nos suscitan la atención otros elementos simbólicos como, por ejemplo, una línea de color rojo muy parecida a la sangre menstrual que se refiere al eterno ciclo de vida y que nos indica el paso de la niñez a la adolescencia. Que fleurissent les poussées de cris: un grito de liberación y de amor por la esperanza y la vida, encontradas y abrazadas por manos deformadas como grandes hojas en que, el color verde, juega el perfecto equilibrio con su complementar rojo.

La artista no se censura, su arte es cruda y inmediata; se trata de un arte donde no hay “nada” de racional o intelectual: simplemente su punto de partida es una exigencia de percepción, es un proceso que se origina en las emociones hasta llegar a la mano, transformándola en el medio capaz de difundir esa fuerza interior. Dibujar entonces se convierte en una exigencia casi física para la artista cuyo trazo es muy impregnado de gestualidad y, también, es continuo, es rápido casi quisiera lograr una meta; eso marca un espacio y parece salir del folio para alcanzarnos y estrecharnos.

Las esculturas son claramente obras desplazadas del teatro: hay una puesta en escena muy evidente que les aporta una magia, todo se hace espectacular y cada lugar podría transformarse en tableaux vivents. Se trata de verdaderos personajes que danzan y, el material con que han sido construidas, les confiere dinamismo, suavidad y agilidad. En ellas, más que en los dibujos, es mayormente visible la fusión entre la música, la danza y el estudio sobre el cuerpo, que, desde siempre, está a la base del trabajo de la Crécent.

La música junto a la danza crea aquel movimiento necesario para jugar y transformar: también ellas, grandes esculturas coloradas o solo en negro, nos miran, nos parlan, nos toman el pelo e ironizan sobre los dramas inevitables de la vida y, a la vez, celebran su belleza.

 

Barbara Bacconi, Febrero 2012

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